Anagrama de una catarsis colectiva

Entre los años 2001 y 2002 más de tres millones de argentinos dejaron ser clase media para convertirse en pobres. Luego de más de cuatro años de recesión y endeudamiento del clamor popular surgen los piqueteros y las cacerolas sin comida gritan a diario para “que se vayan todos” los políticos del país, responsabilizados por las familias en bancarrota de la debacle nacional.
El levantamiento que terminó con la salida del Presidente Fernando de la Rúa y 27 piqueteros muertos. El 20 y 21 de diciembre del 2001 la Argentina tuvo su propia catarsis colectiva. Pero no una catarsis tradicional en donde las propuestas son de los políticos para cambiar el sistema, una donde el pueblo pedía las cabezas de “todos y todas” los responsables.
Un anagrama de la política argentina donde el ministro de Economía “salvador” que había eliminado la inflación por medio de la convertibilidad era encarcelado y seguido por miles de cesantes y “sin casa” quienes lo culpaban de las desgracias de su Patria.
La situación económica en Argentina no siempre ha sido así. En 1930 era una potencia mundial con un ingreso per cápita similar al de Francia. Sin embargo, ya por la década de 1940 la economía del país comenzó a hundirse.
Debilitada por la corrupción, los regímenes militares y los conflictos internos sólo 40 años después estaba al borde de una crisis social y económica total. Con tasas de inflación superiores al 200 por ciento y una deuda externa en constante aumento la solución fue dolarizar la economía.
Con esta medida el presidente argentino, Carlos Menem, aplicaba por recomendación de su ministro de Finanzas las políticas económicas propuestas por el Fondo Monetario Internacional a su país para sobre llevar la crisis.
Tras esto se liberalizó el comercio totalmente y se privatizaron muchas empresas nacionales. Todas estas medidas buscaron eficazmente atraer nuevos inversionistas, deteniendo la inflación pero aumentando la deuda externa.
Sin embargo los sectores financieros alrededor del mundo comenzaron a apuntar al país como un buen ejemplo de cómo los países más pobres pueden estimular sus economías y aumentar su desarrollo adoptando los principios del libre mercado global.Fue un país del primer mundo enclavado en un barrio tercermundista.
La Crisis y El Corralito
A finales de la década de 1990 un aumento en el precio del dólar repercutió en un encarecimiento de los productos argentinos de exportación. Como le peso valía lo mismo que el dólar las alzas de la moneda norteamericana encarecían los productos de exportación y consumo interno de procedencia argentina.
Entonces se hizo más barato importar desde otros países. Con esto las exportaciones nacionales comenzaron a disminuir peligrosamente al punto que muchas quebraron al no poder competir con los productos procedentes de otras latitudes.
El país se iba quedando sin recursos propios, la balanza comercial se puso en rojo y la deuda externa aumentó aún más.
Ya en 2001 la crisis aumentó con una rapidez peligrosa para cualquier economía, por lo que el gobierno agregó más pasivos al pedir ayuda al FMI. Aunque sus condiciones obligaron a recortar los gastos sociales.
Mientras comenzó a desarrollarse una fuga de capitales desde las transnacionales con oficinas en el país y la estampida de depósitos bancarios en tres meses fue más intensa que la que provocó la crisis de liquidez en Estados Unidos en 1929.
A principio de diciembre la población que tenía capitales ahorrados en pesos comenzó a temer una devaluación e intentó cambiar su dinero a dólares. Pero ni los bancos ni el gobierno tenía suficiente reserva en dólares para cubrir la demanda de la población. Por eso se limitó la cantidad de dinero que las personas podían sacar de sus cuentas bancarias.
No más de 650 dólares mensuales era lo que se podía sacar de las cuentas corrientes y los depósitos quedaban congelados con retiros a plazos casi infinitos.Fue la gota que derramó el vaso y lanzó a los argentinos a la calle.

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